ENTREVISTA. Sara Rosales: “El arte es sanador para el espíritu del receptor y del intérprete; ambos intercambian mundos paralelos”

Sara Rosales en su taller – Ph: Fabián Cabrera


Mendoza tiene mucha cultura de la que hablar. Hace muy poco, estuvimos conversando con una mujer moderna y empoderada como lo es Magui del Castillo, gerente general en Finca Buenaventura. No muy lejos de allí, en Guaymallén, conocimos a otra mujer de la que podríamos hablar en muchísimas páginas porque tiene una trayectoria enorme como artista local, y al margen de ello, es una persona muy querida en su ciudad. Estamos hablando de la Maestra Sara Rosales, con toda una vida ligada al arte desde diferentes sectores: aficionada al arte, gestora cultural, directora, artista, hija de artistas, y muchos etcéteras siguientes.
¿Qué se le puede preguntar a una persona de su tamaño -hablando en kilómetros de trayectoria- que no le hayan preguntado antes? El resultado fue hermoso. Encontramos a una mujer muy profunda, con los sentimientos a flor de piel y el corazón totalmente abierto a la comunicación y a la mirada del público.
Sus obras pueden enmarcarse dentro de un realismo mágico, surrealismo o figuración. Pero encasillarla, no tiene nada que ver con su personalidad.
Entre anécdotas, risas y más recuerdos, charlamos con Sara, largo y tendido.
EEAM: ¿Cómo fue “ser un artista” durante esta pandemia?
SR: Más que “artista” me considero una trabajadora de la cultura. Es responsabilidad; poner más pasión. Un compromiso interno de seguir. Todas las disciplinas del arte están muy golpeadas, y muchos la están pasando muy mal. Es un tema que me entristece; para algunos es el único recurso. Se debe prever subsidiar a aquellos que -especialmente- tienen familias. El arte es sanador para el espíritu del receptor y del intérprete; ambos intercambian mundos paralelos.

EEAM: En una de las entrevistas que te hicieron, contaste que para vos la pintura siempre fue un hobby. ¿En qué momento te diste cuenta que estabas ejerciendo la pintura de un modo más profesional? ¿Fue una decisión o algo que se dio circunstancialmente?
SR: No recuerdo haber utilizado la palabra “hobby”. Quizás se tomó fuera de contexto. Sí he contado que mi madre era diseñadora de ropa, y desde muy pequeña dibujaba y jugaba con tizas de sastre y hacía collages con trocitos de tela de diferentes colores y texturas. Con mis padres concurríamos mucho a ver ballets y obras de teatro, y de allí, mi predisposición por inclinarme a una carrera artística.
Empecé primero en un taller de escultura. Modelar es apasionante. Luego me definí por el dibujo y la pintura.
La gente es generosa: te nombra “maestra” y yo no me siento así; no pierdo mi capacidad de aprender todos los días y mi asombro de ver obras de pintores jóvenes.
Fui muy feliz en año 1970. Mi primera muestra individual, y que la crítica especializada me tratara tan bien, sumado al estímulo de ubicar algunas obras. Estaba tan sorprendida que no sabía qué valor les podía poner; tuve que pedir ayuda. Fue una bella experiencia. Desde ese momento, expuse en forma ininterrumpida a nivel local, nacional e internacional.
EEAM: ¿Qué considerás, entonces, que la gente valora más en tus obras? ¿Que creés que las hace especiales?
SR: ¡Uy, qué pregunta! El arte tiene un lenguaje propio conectado al subconsciente. Cuando empiezo una obra siempre hay un preconcepto…pero luego desaparece. Siempre lo digo y reitero, que es un acto de amor, es un juego de caricias con la materia, el pincel sobre el soporte, y la demanda silenciosa de trazos sobre trazos, líneas sobre líneas, cubrir, raspar, velar, descubrir una forma, insistir en sus volúmenes o depresiones. Surgen rostros más definidos y la aparición dominante de la figura. Son imágenes que salen solas y a las que trato de darles forma. Y todo ese clima a su alrededor es como si fuera la existencia misma.
La pintura tiene una función para nosotros en su taller, pero cuando salen de allí, dice muchísimas cosas al que está enfrente. Quizás ya no aparece nada mío. Un mensaje diferente pero con puntos en común, emociones, sentimientos. El que ve un rostro una mirada recordará algo propio, pero en el fondo nos unimos a través de esa emoción.
EEAM: ¿Sentiste alguna vez, un apego especial por alguna obra en particular?
SR: Por todas siento un apego especial. Lo noto más cuando parten del país o de la provincia. Me pregunto si la cuidarán, su destino… me tranquilizo en parte, cuando envían fotos con la obra bien ubicada; a nivel local,  tengo la oportunidad de reencontrarme a veces con ellas, y me surge una caricia…
EEAM: En varias de tus obras, se observa una influencia de Klimt ¿es una forma de homenaje?
SR: Al trabajar en técnicas mixtas, óleo, texturas, collage, dorado y plateado a la hoja, puede haber similitud al utilizar el dorado y plateado, pero en el tratamiento de la línea, la forma y claro oscuro, es muy diferente. Ojalá me pareciera a Klimt y a Rembrandt por el tratado de luces y sombras. Por la tecnología y sin querer, recibimos información óptica que vamos incorporando; todo ya fue hecho y creado. En el siglo XXI, lo único que no queda es recrear y conjugar nuestras propias técnicas para lograr nuestro propio sello y ADN.
 
EEAM: ¿Cuáles fueron tus mejores y peores experiencias en el arte?
SR: Una mala experiencia que recuerdo siempre: la disciplina del ARTE que yo ejerzo es la pintura; para exponer en el Exterior, es todo un tema: seguros, embalajes apropiados y permiso del libre tránsito de la obra. Nunca tuve problemas en absoluto, hasta que siempre hay una primera vez. La obra venía de Brasil-Curitiva; demoraba la entrega, y -para no hacerla más larga – arribaron los bultos dos meses después de lo previsto, con seis obras menos, dos vendidas y cuatro destruidas; la tela había explotado, y el embalaje era otro improvisado, esa experiencia me desanimó de volver a sacar obra del país.

EEAM: ¿Por qué las personas coleccionamos obras de arte?

SR: Es una pregunta muy amplia, donde también incide el perfil del coleccionista capitalista. Existen personas que adquieren obras para tener en su casa una pequeña pinacoteca de artistas que valora, le gusta su temática o le atrae el equilibrio del color en abstractas o gestuales, a los que respeta por su ética artística; y los coleccionistas del arte contemporáneo (arte efímero) que tratan de sobrevaluar en dólares algo que tienen que explicar por interminables minutos. Para justificar el ejemplo último de la obra: una banana sujetada en la pared con cinta de embalar. Indudablemente eso me subleva, porque subestiman el grado de inteligencia de los asistentes.
EEAM: Cambiando a un tema más filosófico, por así decirlo…¿Cualquiera puede pintar? ¿Por qué?
SR: Todos nacemos dibujantes; el naif más auténtico y genuino es un niño: no tienen prejuicios en la forma de dibujar y pintar. Es ARTE EN LIBERTAD PURA, como bailar, cantar, hacer percusión con cualquier tarro y palito. A veces no se los estimula lo necesario para profundizar esa acción. El Arte no es tener la inspiración; decir eso es una banalidad. El arte son horas y horas de trabajo, de insistir, quitarles horas al descanso para lograr tu propósito.
EEAM: Y entonces…¿Qué es el arte? ¿Y la cultura?
SR: El ARTE es una forma de enseñar a mirar, sentir y vivir diferente. Si cualquier tipo de arte, o pero aún, todas las áreas artísticas se dejan de lado, pasa exactamente lo que nos está pasando: niños solitarios, sin vida interior, violentos o depresivos, todos en una sociedad en que el triunfo solo existe en lo material. Cuando se comprenda que el MIRAR diferente les abrirá puertas y sensaciones nuevas…cuando no sólo seamos capaces de ver un árbol, sino el espacio que este dejaría si no estuviera…
Definitivamente en la actividad artística, literaria, música, teatro, danza, artes visuales, nos moviliza y emociona más de lo que vemos en la superficie, lo que descubrimos a través del subconsciente.
La CULTURA, es todo aquello por lo que se identifican los pueblos, costumbres, dichos, leyendas, normas, tradiciones y variadas manifestaciones artísticas.

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