En tiempos dominados por el ruido, la hiperestimulación y la sobreabundancia de imágenes, la 61ª Bienal de Arte de Venecia propone un gesto inesperado: bajar el volumen. Apartarse de las notas más estridentes para explorar las tonalidades menores de la experiencia humana.
Concebida por la curadora camerunesa-suiza Koyo Kouoh, una de las figuras más influyentes del pensamiento curatorial contemporáneo, la muestra reúne a 110 artistas, colectivos y organizaciones de diversas procedencias. El título, in Minor Keys, que remite a las tonalidades menores en la música, invita a una escucha más atenta de las múltiples voces que atraviesan nuestro tiempo.
lo largo del recorrido aparecen cuestiones vinculadas a la memoria, el cuerpo, la espiritualidad, la transformación y otras formas de conocimiento que rara vez ocupan el centro de la escena. Tras el fallecimiento de Kouoh en 2025, cuando gran parte del proyecto ya había sido desarrollada, la Bienal decidió llevar adelante la exposición respetando su visión curatorial original junto al equipo que había trabajado estrechamente con ella.
Venecia, una exposición a cielo abierto
La experiencia de la Bienal no termina en las sedes de Arsenale, Giardini ni en los pabellones nacionales. De mayo a noviembre, Venecia entera se transforma en una inmensa exposición a cielo abierto. Iglesias, palacios, fundaciones, museos y espacios independientes albergan una constelación de muestras paralelas que expanden, complementan e incluso cuestionan algunas de las ideas planteadas por la curaduría oficial.
En mi recorrido por esta gran muestra de arte contemporáneo, varios de los proyectos más memorables no fueron necesariamente discretos ni silenciosos.
Exposiciones como la poderosa muestra de Lorna Simpson en Punta della Dogana; las monumentales pinturas de Michael Armitage en Palazzo Grassi; la experiencia inmersiva de Marina Abramović en las Gallerie dell’Accademia; la presencia física y casi escultórica de las obras reunidas en AURA, en AMA Venezia; y la extraordinaria retrospectiva de Jenny Saville, se imponen por la potencia de sus imágenes, la escala de las obras y la intensidad de sus planteos. A ellas se suman proyectos como la instalación de Leandro Erlich en el histórico Negozio Olivetti, la sobria y contemplativa propuesta de Lee Ufan, las esculturas de gran fuerza poética de Nick Cave, las obras de Amoako Boafo, Nigel Cooke y Anish Kapoor, así como numerosos pabellones nacionales que encuentran formas muy diversas de abordar cuestiones vinculadas a la identidad, la memoria, el territorio y la transformación. Más que una estética de lo menor, parecen proponer una experiencia profundamente humana y emocional. Quizás allí resida una de las lecturas posibles de In Minor Keys: no tanto una disminución de la intensidad, sino una invitación a atender registros más complejos y matizados de la experiencia contemporánea.
La sensación final es la de una ciudad atravesada por múltiples conversaciones simultáneas. Algunas obras dialogan con los grandes temas de la Bienal; otras parecen tomar caminos propios. Juntas conforman un panorama extraordinariamente diverso que convierte a Venecia, una vez más, en uno de los principales centros de reflexión y producción artística contemporánea.
Recorrer Venecia durante la Bienal es una experiencia transformadora. Con la esperanza de transmitir al lector algo de la riqueza, la belleza y la intensidad del arte contemporáneo que se despliega en toda la ciudad, compartiré en próximas entregas algunas de las muestras que más me impactaron.
Cobertura y fotografía: Andrea De Luigi | @andrea_de_luigi
